SAN PABLO, Brasil.- En el país de América Latina más castigado por la pandemia de coronavirus los focos de contagio habían sido, hasta hace pocos días, las grandes ciudades, como Río de Janeiro y San Pablo. Pero ahora, el virus empieza a extenderse hacia las periferias y hacia el empobrecido norte, incluida la llamada Amazonía legal, a costa de “los más vulnerables”.
Brasil se ha convertido en las últimas semanas en el segundo país más castigado a nivel mundial. El gigante sudamericano tiene más de un millón de casos confirmados, incluidas unas 50.000 víctimas mortales, la mitad de positivos que en Estados Unidos y el doble que en Rusia, en tercera posición.
“Brasil es un país con un territorio extenso, una población de 210 millones de habitantes y realidades regionales diversas, lo que hace complejo hacer un análisis único sobre los motivos del avance de la pandemia y de las dificultades para contenerla”, indicó la directora ejecutiva de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Brasil, Ana de Lemos.
No obstante, De Lemos observa algunos factores comunes, entre ellos el hecho de que en los países en los que la pandemia llegó antes que a Brasil, “el confinamiento social fue un fundamental para contener la propagación del virus”.
Apunta a que “hay una descoordinación entre las recomendaciones hechas por sus diferentes esferas de poder”, lo cual afecta negativamente los esfuerzos contra la covid-19 porque es más fácil enfrentar situaciones como estas cuando existe una directriz clara. Las discrepancias internas causaron la dimisión de dos ministros de Salud. Ya van por el tercero en pandemia, el general Eduardo Pazuello.
De Lemos refiere que “en Brasil no existe una sola curva de contagios. El mayor número de casos y muertes está concentrado en los grandes centros urbanos, como San Pablo o Río, pero la mayor incidencia está en los estados del norte, en la llamada Amazonía legal.
En San Pablo y Río, los estados más afectados, “todo apunta a que las medidas de distanciamiento social a nivel local suavizaron el avance” de la enfermedad, por lo que la desescalada puede ser precipitada, señaló.
Especial preocupación despierta la vuelta a la normalidad en la periferia de las ciudades, “donde el acceso a la salud y la calidad de la atención son más limitados que en las partes más ricas de la ciudad”.
La progresión de la covid-19 hacia el norte es otro motivo de alarma. “Brasil tiene un serio problema de desigualdad en la distribución regional de los profesionales sanitarios, con una gran concentración en el sur y el sureste, en detrimento del norte y el noreste. Esto se traducirá en más personas contagiadas que tendrán dificultades para acceder a cuidados médicos o que quedarán desatendidas”, advirtió. Con este mapa, “está claro que la pandemia evidencia las desigualdades y causa sufrimiento mayor a los más vulnerables”, puesto que “tiende a excluir más a las personas que ya tenían dificultades de acceso a la salud antes de la covid-19,
MSF, dijo, centra sus esfuerzos en poblaciones vulnerables: personas en situación de calle, consumidores de drogas, habitantes de favelas, ancianos, migrantes y presos, así como en los estados de Amazonas y Roraima, ambos en la franja septentrional.
En Manaos, la capital de Amazonas, “hubo un crecimiento del número de casos que llevó al colapso del sistema de salud”.
Un avance preocupante se dio entre la población indígena en este estado. En abril, una treintena de indígenas habían muerto por covid-19 y ahora son más de 300, según la Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil.
En Boa Vista, capital de Roraima, el trabajo se dirige hacia los migrantes venezolanos, ya que de los más de 250.000 que han ido a Brasil en los últimos años para escapar de la crisis política y humanitaria en su país. (DPA)